Crees que has encontrado tu camino, piensas que estás siguiendo por fin la ruta correcta del mapa de la vida que como un idiota trazaste y descubres que el camino no es más que puto callejón sin salida, y que lo que sigues o crees seguir es el borrador de un dibujo trazado a mano alzada por un niño de ocho años sin guía, sin patrón y sin motivo, la burla barata de un Nelson Muntz del Todo a 100 cuya frase más inteligente es un jaja… Y te despiertas para descubrir que los sueños sueños son y que, por no tener, no hay ni siquiera un espacio vacío donde alojar una pesadilla de serie B que, en el mejor de los casos, ni uno mismo sacaría del videoclub en una tarde de aburrimiento. Clamas esperando que tus gritos sean escuchados pero eres un Harpo sin carisma y que ni siquiera sabe tocar el arpa, un borrón en un papel en blanco, el monarca de un país donde no se puede reinar y donde los “sans culottes” solo quieren la cabeza del rey. Eres el dos en una línea de código fuente, donde solamente caben ceros y unos, la razón de la sinrazón, el reflejo aparente en un espejo sucio, la botella medio vacía de líquido que nadie se va a beber salvo tú mismo, borracho de tristezas y abstemio de esperanzas. Eres la nada y el todo a la vez del barrio de lujo de una ciudad perdida en un agujero negro donde no hay policias ni ladrones porque no hay nada que proteger ni que ambicionar, un lugar del que los más afortunados solo quieren escapar y al que siempre se vuelve, con grilletes o sin ellos, porque el único camino de salida es una escalera de caracol que sale y te conduce a la misma casa gris sin ventanas y sin muebles donde la única compañía es la sombra, malasombra, que te servirá de manta, de mantel y de cadalso. Y lo peor de todo es que la puerta de salida solo tiene una contraseña que hace mucho tiempo que olvidaste.
La ciudad de Nelson Muntz
junio 30, 2011Gen-Ética (Sobre cromosomas X,Y,A y L)
junio 1, 2011En los últimos días, dos buenas amigas han tenido a bien considerarme alguien a quien preguntar o, al menos, digno de ser escuchado en lo que a relaciones sentimentales se refiere. Ambas están atravesando situaciones complicadas en sus respectivas relaciones. A fin de conservar su privacidad las llamaré Azahara y Luna, una flor y una fuente de luz, algo que ambas son sin duda. Pero me ceñiré al tema.
Azahara era feliz con un chico que la hacía sentir bien. De pronto, el chico decide que no pueden continuar siendo una pareja pero que pueden continuar viéndose y acostándose juntos, lo que viene a llamarse “follamigos” desde que el mundo es mundo. Azahara accede, con la esperanza de que finalmente él recapacitará y todo volverá ser como siempre debió ser, es decir como antes de la “ruptura”.
Luna llevaba mucho más que muchos meses saliendo con un chico, Telmo, con los típicos problemillas esos de “ni contigo ni sin tí”, debido a la particular situación que los estudiantes o recién incorporados al mercado de trabajo atraviesan a la hora de independizarse y poder vivir en pareja. Curiosamente, cuando Luna empieza a tener problemillas laborales, momentos en los que necesita más que nunca el apoyo de su pareja, se topa de frente con la decisión irrevocable de dejarlo porque ya no siente ganas de estar con ella, con lo cual todo se le junta a la vez.
Azahara y Luna, Luna y Azahara, dos mujeres cruzando el mismo río, intentando saltar entre las piedras, saboreando un helado barato con sabor a tristeza congelada, templada añoranza y ardiente desilusión; una mixtura mal mezclada para una fusión de sabores insalubres y desabridos. Y todo esto.. ¿por qué? ¿Hay alguna explicación para ello? Nunca me han gustado los estereotipos pero… ¿es posible que el bello sexo tenga razón cuando dice aquello de que “todos los tíos somos unos cabrones o unos gilipollas”?
Según la genética, los hombres están formados por la unión de los cromosomas X e Y mientras que las mujeres son dos cromosomas X exactamente iguales cogidos de la mano. Si, teóricamente, somos al 50% iguales, ¿qué lleva escrito ese cromosoma Y para convertirnos en seres que tendemos a rechazar conceptos como seguridad, tranquilidad y cariño en pos de dudas, inseguridad y ansias de libertad que al final termina por encerrarnos en una jaula de cristal en el mejor de los casos y, a veces, en nosotros mismos. Renunciamos a lo bueno por buscar lo que no sabemos si es bueno o malo, por buscar un ideal que a veces dista de ser lo ideal, frotamos la lámpara a ver si sale el genio con la bayeta en que se ha convertido todo lo que dejamos atras, a esas personas que dejamos atrás y que, en jugada maestra de nuestro propio egoísmo, pretendemos tener a mano como juguete sexual regular o como amiga poco más que conocida y mucho menos que ni siquiera coleguita de copas. Definitivamente, si nos dieran una escopeta para terminar con lo que no nos gusta, probablemente la dispararíamos mirando por el lado del cañón.
Además de tontos, porque los hombres no somos más que un macho de mono con teléfono móvil y juegos para la Playstation, somos egoístas. Primero estoy “yo”, después estoy “yo”… y cuando el “yo” se convierte en nosotros entonces “tú” pasas a “ella”, tercera persona de singular y mucho más impersonal. No nos gusta ponernos en el lugar de nuestra pareja, a no ser que sea para tenerla encima o debajo, bien sea para llevarla de misiones o para cultivar la flor de loto, viajar a Cuba o mirar hacia la Ciudad Encantada de Cuenca. No tenemos remedio y, en nuestra soberana estupidez, no creemos que nos haga falta o, al menos, que la solución sea pasear cogido de la mano con alguien que nos quiere porque eso nos convierte en carcas, muermos y eso no mola, y menos a nuestros amigos que se ríen de nosotros porque ya no molamos (el término amigotes es mucho más aplicable en este caso). Definitivamente, no somos más que monos evolucionados que están envilucionando de vuelta hacia la ameba. Nos creemos perfectos, y en nuestra lucha diaria para convertirnos en el imbécil perfecto rellenamos todo el papeleo para ser el perfecto imbécil.
Y mientras tanto, mis dos amigas se sienten como una atracción de feria (Azahara) o como el perrito aquel, Tristón, que necesitaba un amiguito, un hogar y mucho amor (Luna), juguetes que en algún momento fueron recibidos con ilusión y que algún día, como el Vaquero Woody, serán dejados aparte en un rincón porque su dueño fue en busca de un nuevo y flamante Buzz Lightyear. Nunca fue justo que en el juego del amor siempre sean ellas las que pierden la partida, recogen el tablero y se marchan llorando a casa pensando en qué jugada todo se fue al garete. Definitivamente, Azahara y Luna, cada día pienso con más motivo que la peor de las mujeres merece algo mucho mejor que el mejor de los hombres. Y vosotras dos, cada una en su lugar, cada una con su situación, brilláis mucho más que la más luminosa, refulgente e incandescente estrella fugaz que podáis llegar a atisbar cuando vuelan veloces y efímeras por el cielo. Quizás ese fue el problema, que pensásteis ver un sol eterno donde no hubo más que una estrella fugaz, y ahora solamente véis un agujero negro…
P.D: A y L, tirad para adelante que el final del trayecto siempre está más cerca cuando no se da ni un paso atrás, y al final del trayecto está el hogar al que siempre merecísteis llegar, el fuego donde calentaros y el colchón donde descansar. Y, por mi parte, siempre estaré a vuestro lado para intentar indicaros el camino con mi viejo mapa. Os quiero, niñas!!
Y Fierabrás se fue de festival
mayo 15, 2011Terminó Eurovisión y, como en los últimos festivales, volvimos a estamparnos miserablemente contra el suelo. “Europe is living a humiliation, todos juntos nos vamos a estampar”. Alguien me dirá que al menos no terminamos los últimos pero es una visión que no es un consuelo ni mucho menos. Es, cuando menos, dantesco que el país considerado la cuna del genio, del duente, del salero, del flamenco, con grupos que han tenido tanta repercusión internacional como Mecano, Héroes del Silencio o la tristemente célebre “Macarena” se limite a sonreir cuando nuestros vecinos franceses o portugueses nos dan doce puntos. No voy a entrar a debatir sobre la utilidad del “Eurovision contest” porque eso daría para otro post que, probablemente, acometeré algún día cercano. Mi opinión se dirigirá esta vez hacia la música en sí…
Empezando por la barca de Remedios Amaya (sin duda el gemelo maligno del Barco de Chanquete porque nadie quiere recordarla), nuestro historial de participaciones en Eurovisión es bastante deprimente pese a estar considerados una de las grandes potencias musicales europeas a priori. Canciones como “Que me quiten lo bailao” o “Bloody Mary” de las Ketchup/Catsup podrían hacernos pensar que la música de raigambre o connotaciones flamencas no son apropiadas para Eurovisión. ABSOLUTAMENTE FALSO. Si las Azúcar Moreno consiguieron un honroso quinto puesto e incluso los orcos han podido ganar un festival cantando por metal y olé… entonces el fallo no reside en la música en sí sino en algo más. ¿Quién elige qué canción va a Eurovisión? Hace unos años, la elección del Chiquichiqui provocó todo tipo de polémicas, con una actuación bochornosa que fue la causa y origen de que al año siguiente se manipulara la votación para evitar que Karmele o John Cobra empañaran nuestra imagen en el festival de festivales. Volvimos a quedar sin pena ni gloria. Y, parece ser que en otro golpe de timón, se decidió que de nuevo los que ¿saben de esto? decidieran quien iba a representarnos. ¿Y qué mejor que alguien utilizando eso que se ha dado en llamar “flamenquito” fusionado con algo?
No comprendo la razón de nuestra insistencia en querer mezclar el flamenco con algo. “Flamenco fusión” viene a llamarse, sometido a todo tipo de experimentos. Efectivamente, la gaseosa es un excelente componente para los experimentos y de mezclas sabe muchísimo la cocina tailandesa pero ni yo soy tailandés ni me sienta bien el picante. Se habla de flamenquito pop, flamenco hip hop (requiestcam in Haze), o incluso flamenco fusión de flamenco y reggaeton (sinceramente, fusionar flamenco y reggaeton es igual que comerse un pastel de “haggis” que para los escoceses es delicioso pero a mí me parece que es una aberración de la morcilla). Si de toda la vida se ha dicho que las mezclas son malas, ¿por qué narices seguimos empeñados en enviar “flamenquitos” a Eurovisión? Para enviar flamenquitos mejor enviar flamenquines confiando en ganarse la confianza del jurado, y si son del Barranco, mucho mejor (la publicidad gratuita nunca es mala; confío en que me inviten a una cerveza alguna que otra vez cuando vuelva por Jaén). No estoy en contra de experimentar con la música, pero si el flamenco ha sido declarado de interés mundial… ¿por qué seguimos empeñados en asestarle puñaladas en forma de mezcla con tipos de música que no tienen nada que ver con lo que el flamenco representa? Dejemos las cosas como están que para crear un mágico y curativo bálsamo de Fierabrás musical que luego nos revuelva las tripas siempre habrá tiempo, aunque mucho me temo que el año que viene volveremos a dar palos de ciego jugando a la cucaña en el festival de marras.
De barras y Estrellas… de la Muerte
mayo 3, 2011Hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy lejana…
El Imperio del Tío Sam se enfrenta con puño de hierro a los gángsteres que residen en el lejano planeta de Pakistatooine, un páramo desierto que aloja a la banda del peligroso Jabba-el-Laden. En una operación relámpago llevada a cabo por los clones del General Gates y supervisada por el Emperador Obama, es localizado y muerto el lider del hampa galático. Inmediatamente, se desencadena una oleada de ataques, contraataques, represalias y contrarepresalias que sumergen la galaxia en el caos, provocando que el Imperio destine mucho más dinero a la supervisión y finalización de la Estrella de la Muerte, el único arma de destrucción masiva que el Imperio no considera peligrosa al estar bajo “estricto control de las fuerzas aliadas”. Dicha escalada de costes provoca que el Imperio caiga de nuevo bajo el poder de los Sith, comandados por el oscuro lord Darth Bush que, desde la sombra, vuelve a ejercer su oscuro dominio mientras prepara a su nuevo aprendiz para aprovecharse del estado de caos galáctico que impera.
“Por fin nos rebelaremos; por fin nos vengaremos” (Darth Bush)
Sadomaso de agua dulce… ¿o no?
diciembre 14, 2010El 2012 se acerca, compañeros y compañeras, lectores y lectoras, damas y caballeros, si aplicamos al pie de la letra lo que nos decían los antiguos mayas y, visto lo visto, parece como si los Cuatro Jinetes del Apocalipsis fueran el Risitas, el Cuñao, Faemino y Cansado que han decidido acabar con nosotros con sutileza y dándonos donde más nos duele, en la cartera y en la autoestima. La crisis nos retuerce las pelotas, pegándonos en la cabeza con los ladrillos que han quedado del pelotazo inmobiliario, el presidente del gobierno se dedica a regir nuestros destinos como el que juega al Twister (pongamos una mano aquí, un pie aquí y veamos cuanto rato podemos sostener el equilibrio) y un lobby de nuevos millonarios deciden que es hora de no trabajar para ver si los que mandan se bajan los pantalones mientras miles de personas tienen que buscar la baldosa más cómoda y menos fría de una terminal de aeropuerto para que les sirva de almohada; y si echamos la vista al exterior… las perspectivas no son muy halagüeñas: en la bella Italia descubrimos que la reencarnación de Al Capone se aferra con uñas y dientes al poder repartiendo sonrisas y euros al resto de la plana política transalpina, mientras todo el país decide que es hora de lanzarse a las calles ya que nadie lo pone en la rampa de lanzamiento. Nos quejamos de aquellos que tienen nuestro destino en sus manos y, sin embargo, cuando podemos hacer algo para evitar que la situación continúe, nada cambia. ¿Y a qué se debe eso?
La respuesta es muy simple: nos gusta quejarnos. Consideramos que uno de los pocos derechos que tenemos, seamos ricos o pobres, es la capacidad de poder decir que algo es una mierda o que tal o cual hijodeputa nos está tocando las narices. Nos reunimos en Kyoto, Copenhague o cualquier otro lugar para decir que el clima está muy mal, pero a la hora de la verdad no hacemos nada y seguimos usando aerosoles, llenando de humos la atmósfera y convirtiendo los casquetes polares en solares embarrados donde confiamos en poder edificar próximamente hoteles de lujo para promocionar el turismo glaciar. Decimos que nuestros gobernantes son incompetentes pero nos limitamos a arreglar el mundo en la barra de un bar. Protestamos porque suben los impuestos pero no hacemos más que eso, nos conformamos con la protesta. Y es que somos sadomasoquistas de agua dulce, que ni siquiera valen para quejarse porque tampoco queremos ser los que destaquen entre la multitud. Que sean otros los que lleven la pancarta, que sean otros los que levanten la voz, porque tememos que seamos nosotros a los que señalen con el dedo, no queremos ser el puñetero hobbit en el que fijen la mirada los nuevos Sauron, con el Ojo que Todo lo Ve. Mientras tanto, nos siguen dando por el Ojo que Nada Ve, y nosotros nos limitamos a apretar los cachetes, cerrar los ojos y apretar los dientes, confiando en que, cuando podamos abrir de nuevo la boca, no nos hayamos quedado sin voz para poder seguir quejándonos, pero sin alzar mucho la voz, por favor. Y es que, quejarse es gratis y tiene un gran efecto terapeútico, sino… ¿cómo iba yo a poder quejarme sin tener ni un euro? Sigamos, sigamos quejándonos y actuando como el perrillo que ladra cuando está lejos pero corre con el rabo entre las piernas en cuanto el objeto de sus ladridos se acerca un poco. Definitivamente, no somos más que la cera de una mala vela, que arde mucho cuando está lejos del soporte en el que se sostiene, pero se apaga mucho antes de llegar a la base, se extingue antes de quemar, y solo deja el olor a quemado, o a “quemados” en este caso. Según Michael Crichton, estamos sujetos a un “estado de miedo”, que es lo que provoca que los que gobiernan se rían de nosotros mientras se rascan la entrepierna. Cada día pienso que, con mayor seguridad, lo que tememos, la causa y origen de nuestros miedos es que llegue el día en el que todo vaya tan bien que perdamos la oportunidad de quejarnos… Porque ese día, los ricos y los pobres ya no tendrán nada en común, y tendremos que esperar más de 800000 años para que los Morlocks puedan quejarse de que los Eloi son más guapos, visten mejor y se divierten más al sol, ahí arriba.
El escondite…
diciembre 2, 2010Está allí; sentado en un rincón, casi oculto del mundo, como si procurara que ni siquiera diera sombra la luz de su recuerdo, asustadizo y tímido, esbozando un casi inaudible “hola” cuando paso a su lado y saludo con la mano. Es italiano y, sin embargo, muy diferente al estereotipo italiano que nos presenta a hombres más pendientes de los subeybajas de la moda actual, esclavizados por los pendientes y el pelo de color, quizás reflejo y recordatorio de lo que antes fueron argollas y sambenitos. Es un Erasmus, pero el Erasmus que nadie conoce, el Erasmus con el que nadie habla, el Erasmus que nos demuestra que hay mucho más que simplemente una eterna fiesta que algunos intentan volver bacanal orgiástica, la persona que te rehúye y a la que muchos rehuyen, simplemente porque no es divertido, porque no es gracioso, porque tiene más cosas en la cabeza. A unos metros, una mesa es, literalmente, rodeada por cuatro chicas alemenas, todas y cada una de ellas diferentes y, sin embargo, iguales, incapaces de concentrarse en lo que leen porque siempre aparece alguna anécdota (a saber cómo serán de graciosos los chascarrillos teutones) que les provoca alguna carcajada. El raro lee e intenta concentrarse; ellas gesticulan, se carcajean, pagan su cuota por el precio de la popularidad. Y es entonces cuando en ese chico pálido, tranquilo, impopular y tímido, con esa cara que parece suplicar que le perdones la vida, en ese chico que siempre tiene una duda, en ese chico, en definitiva, en quien no piensa nadie sino es para provocar la risa de otros, me veo reflejado en como era yo hace muchos años, y me parece estarme viendo allí mismo. Y, justo cuando eso ocurre, no puedo evitar esbozar una sonrisa por saber que, en otro país y con otra cultura, por encima de las diferencias culturales y sociales entre comunidades diferentes de personas, siempre habrá alguien como ese yo juvenil que, no sabemos si escondí o si decidió perderse cuando aprendió a ser más lobo que los mismos lobos y que, a ratos, echo de menos, mientras me asomo a la ventana intentando recordar si Peter Pan y Wendy son ahora pareja de hecho con tres niños, un perro, dos gatos, Gol TV…
El trigésimo tercer día
noviembre 11, 2010Si me preguntaran sobre lo más difícil que se podría escribir por una persona, creo que habría dos finalistas: el testamento, porque supone la aceptación de que somos pobres mortales (y en este tiempo de crisis, además, mortalmente pobres) y las memorias. Lo bueno de las memorias es que el que las escribe habla de lo que quiere, lo malo es que se escriben cuando tienes la sensación, al final de tu vida, de que el bolígrafo con el que escribes las líneas de tus vivencias se está quedando sin tinta y, lo raro, en este caso, es el momento en el que yo decido libremente definir con un recuerdo todos y cada uno de los 32 años que he vivido, de cara a hacer una autoevaluación de lo que mi vida ha dado de sí para poder decidir seguir los pasos que llevo o hacer borrón y cuenta nueva el próximo 1 de diciembre, cuando cumpla 33.
De mis primeros tres años no recuerdo nada, aunque recuerdo como en un sueño difuso y lejano aquella vez que estuve a punto de ahogarme en el Lago de Bolarque (Guadalajara). Los tres años fueron la primera crisis alérgica, los cuatro años suponen el primer día de colegio, entre llantos y risas infantiles; los cinco fueron el primer viaje largo (a Barcelona); los seis fueron la primera vez que me castigaron sin recreo en el colegio; los siete años se visten de almirante para hacer la Primera Comunión; los ocho años son vacaciones en la playa; los nueve son entonados con mis primeras clases de solfeo y los diez pasan como una nebulosa vestido de músico de la banda local para llegar a los once, cuando me pusieron las primeras gafas; a los doce me gustó una niña por primera vez; a los 13 conocí a los que, a día de hoy, siguen siendo mis mejores amigos; a los 14 tuve mi primera novieta, entre cartas de amor en cuartillas de papel cuadriculado entregadas durante el recreo; los 15 años son la entrada al instituto; los 16 son reflejados por mi primer ordenador, los 17 el final del instituto y los 18 la entrada a la universidad. A los 19 tuve mi primera vez, con mi primera noche fuera por nochevieja a los 20; conocí internet a los 21, mi primer trabajo remunerado a los 22 y la ruptura con mi pareja a los 23. Los 24 son días de desenfreno y cartas Magic, con el final de mi tesina a los 25. Los 26 suponen trabajo y otra relación rápida, con 27 años que se pierden entre el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, 28 añosempezando Turismo y conociendo a una de mis mejores amigas (Lorena) y más gente a la que aprecio, 29 años empezando a trabajar en la Oficina de Relaciones Internacionales, lleno de tristeza a los 30 (te echo de menos, abuela), grandes amigos Erasmus a los 31 (os quiero, Agatita y Gaby) y echándote de menos a los 32. ¿Qué me depararán los 33? Espero que, por fin, estabilidad laboral y volver a saborear el dulce y sonoro sabor de unos labios. En cualquier caso, ocurra lo que ocurra, siempre nos quedarán los recuerdos como estos que aquí quedan reflejados en un croquis esquemático de mi vida y que, posiblemente, podrían haber venido acompañados de muchos más a pesar de que nunca me han gustado las comidas muy recargadas y, menos aún, en el plato de mi vida que para unos será soso, para otros amargo y, al menos para mí, de un cierto sabor especial.
Para todos aquellos que habéis tenido el privilegio de tener asiento VIP en el palco de mi corazón, quiero que sepáis que os quiero. Gracias a todos… por todo…
Gracias, Dr. Jekyll…
octubre 19, 2010No soy una persona que guste de regalarle los oídos a sus semejantes, en primer lugar porque de semejantes no tenemos nada; cada uno es como es y, nos guste o no, ahí reside la trágica belleza del ser humano. Pero, de cualquier modo, siempre hay personas que dejan una marca indeleble en los demás: los mejores amigos, la primera novia, el primer polvo, los compañeros de carrera con los que más contacto se ha tenido… y tú. Y a tí, sí, A TÍ, quisiera decirte gracias hoy, por muchos motivos…
Gracias por ser así, gracias por ser como eres y portarte así en tu línea, gracias por ser tan RUIN, MAQUIAVÉLICO, DESPRECIABLE, INSOPORTABLE, VIL, MALVADO, DAÑINO, PERNICIOSO, FALSO y un sinfin de sinónimos que me llevaría años enumerar. Gracias a esa suma de tus virtudes que sirven, sin duda, para mejorar al resto de los seres humanos, convirtiendo a los malos en pasables, a los pasables en buenos y a los buenos en santos. Gracias por llegar tarde, por faltar cuando hay resaca o hubo fiesta antes, gracias por convertirme en un ejemplo dentro y fuera del trabajo gracias a tu edificante ejemplo diario. Gracias por enseñarme el modo en que el mundo funciona, consiguiendo que haya aprendido a fijarme más en las personas para que no me den otra vez gato por liebre. Gracias por dejar tu tierra para venir a la mía; 171.679 personas te dan los gracias por marcharte también. Gracias por pisar a los demás en tu camino hacia la cumbre; es el mejor sistema para ser totalmente independiente y no necesitar a los demás, y espero que así lo seas porque espero que no vengas a pedirme un favor en lo que te quede de vida. Gracias por tus patéticos intentos de saltar por encima de los demás; siempre hace falta un bufón de cuyas lágrimas de cocodrilo te puedas reir. Y, finalmente, y resumiendo, gracias por ser parte de mi vida, esperando que esa faceta no sea pronto más que un breve recuerdo que desaparezca como todas tus palabras de zalamería: como una estrella que no sabemos si llegó a nacer antes de implosionar y cuyo recuerdo espero que se pierda en la misma indiferencia fría que dejas en los demás (aunque te creas el Rey del Mambo, no pasas de canción de Georgie Dann, que al principio se canta con ganas pero a los cinco minutos se hace insoportable, como el mal olor a sudor rancio).
P.D: No quería despedirme sin desearte muy sinceramente y desde el fondo de mi corazón que te pongan durante tu vida todas las zancadillas que tú vas poniendo a los demás porque el llorar te hace más fuerte y tú necesitas fortalecerte bastante, para que tu salud los días laborables tras un puente largo mejore, ya que es algo preocupante para todos los que te ¿quieren? Y dicho esto, QUE TE DEN MUCHO POR CULO. GRACIAS, DR. JEKYLL… Y UN SALUDO PARA MR. HYDE…
Besos, kisses, remembrances y recuerdos
octubre 4, 2010Los hay de muchos tipos: de cariño para demostrar el aprecio que se siente, para saludar a alguien a quien hace mucho que no ves o simplemente para decir hola con el tacto y no con cualquier otro sentido, de amor que puede sellar algún momento mágico, de pasión inagotable y que nunca se acaba, convirtiéndose en la antesala de lo que lleva al goce y arrastra a lo más primario. Incluso el beso de Judas, que se da a quien no lo merece y que probablemente ni quiera recibir. Todos esos y muchos más son los besos que damos y los que no damos. Y sin embargo, no los recuerdo…
Es curioso, triste y a la vez lleno de un significado que no acierto a encontrar ( o vacío de un significado que quizás me obceco en encontrar) como soy incapaz de recordar cualquiera de los besos que he dado; maravillosamente absurdo y dantesco ver como mi memoria se niega a almacenar cualquiera de esos momentos, como si el hecho de haber abollado la coraza que me cubre durante un breve segundo fuera demasiado castigo en sí mismo como para tener que recordarlo. Y lo mismo me ocurre con cosas tan personales como un apretón de manos, un abrazo, una noche de pasión en la que el sexo no sea el único ingrediente que permita preparar un guiso sabroso de significados pero frío y soso en el significante. Soy frío y eso no se puede evitar, y además ya soy muy viejo para querer y poder cambiar. Pero al mismo tiempo, no acierto a comprender si esa demencia oscular que padezco me hace más o menos humano y, por lo tanto más hermoso y complejo o, simplemente, es el cierre de seguridad de una caja fuerte que se cierra con doble candado con efecto retardado y de la que, ¡maldita sea! nunca recuerdo la combinación que me permita abrir a voluntad.