Archivo de 30 diciembre 2011

El perfecto imperfecto… or the other way round

diciembre 30, 2011

Muchas veces escucho a la gente hablar sobre eso de buscar la pareja, hombre o mujer perfectas, y esa constante K que enlaza con la gran A, me ha llevado a plantearme lo siguiente, que pienso compartir con todo el que me lea: buscar la perfección tiene el mismo sentido que intentar buscar el Dorado. Pretendemos encontrar en los demás, no la Perfección en sí (que no deja de ser un ideal en sí) sino la realización física o psíquica de lo que para nosotros es perfecto. Ello supone aplicar una serie de parámetros muy personales a otra persona que, probablemente, tendrá mucho, poco o nada parecidos a lo que nosotros buscamos o queremos. Merece la pena buscar algo/alguien que encaje en ese patrón y desechar lo demás? Bueno, esa es una decisión muy personal pero que acarrea un riesgo bastante grande: el riesgo de intentar encajar un círculo dentro de un cuadrado o viceversa, creando un todo inestable que podría terminar por desmontarse o descabalgarse. Además de todo esto, buscar lo perfecto requiere tener una alta dosis de autoestima y autoconcepto porque sino correremos el riesgo de, una vez lo hemos encontrado o creemos haberlo encontrado, entronizarlo y casi divinizarlo, convirtiéndonos entonces en algo/alguien que es anulado por su objeto de adoración. Desde mi punto de vista, para evitar eso… creo que a la hora de buscar a alguien (si hablamos de persona), hay que buscar a aquella persona que siempre tenga un motivo (y si no lo tiene se dejará los huevos por buscarlo) para hacerte sonreir todos los días y abrazarte cuando llores todos los minutos de tu vida. Entonces, y con ello termino, ¿seguir porfiando por encontrar lo perfecto nos convierte en ilusos, estúpidos o imperfectos? En modo alguno, intentar buscar la perfección no nos convierte en seres más o menos estúpidos, sino simplemente… más humanos :)

El cajón de baldosas amarillas…

diciembre 22, 2011

Parece que todo va bien por fin; comienzo a tener todo por lo que siempre he luchado (pese a  que siempre cuesta dar el paso que supone dejar personas que queremos atrás): un trabajo, la posibilidad de vivir en el extranjero… en definitiva, una vida propia, algo que he buscado mucho tiempo, sin detenerme en estaciones ni en peajes porque no tengo monedas ni tiempo para buscarlas. Quiero seguir mi camino de baldosas amarillas, aterrizar en la Luna con un paracaidas de ilusiones, correr sin motivo y sin pausa, abarcar millas quemando ruedas, madurar y crecer sin dejar de ser Peter Pan, atiborrarme de experiencias sin fecha de caducidad, volar sin alas y sin temer que el vertigo me ciegue o, como Ícaro, me haga llegar más alto para después caer. Y hoy… he descubierto que el cajón donde atesoraba tus recuerdos está vacío, y quiero llenarlo con mi vida, con la vida que escriba a partir de ahora, con renglones torcidos o rectos, pero con la pluma que yo elija, con la tinta que yo escoja aún a costa de que se reseque para la próxima vez, pero siento que ya no queda peso que evite que llegue hasta donde quiera llegar. Deseo que alguien llegue a, valga la redundancia, guardar todo lo que yo he guardado, que tu recuerdo sea la gasolina que haga rugir el motor de otro corazón, que alguien sepa lo que es el roce de tus manos, tus palabras y tu cuerpo, deseo que quieras y seas querida, que ames y seas amada, pero no deseo ser yo; que tu felicidad sea máxima y yo pueda compartirla sonriendo desde la distancia. Que, como diría El Canto del Loco (pese a que nunca me ha gustado ese grupo), Campanilla te cuide y te guarde…


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