Me considero una persona agradecida, quizás no la clase de persona que está diciendo “gracias” todo el día. También puedo ser rencoroso y vengativo cuando la ocasión lo tercia, más por buena memoria que por otros motivos. Suelo pensar que todo en la vida se paga y yo no tengo prisa por cobrar. Pero hoy me centraré en algo tan bueno como el agradecimiento. Como decía, no soy muy expresivo y no voy a cambiar a mis años. A pesar de todo, hoy quisiera dar las gracias a alguien especial.
Gracias por haber estado siempre ahí para reirnos juntos con todo el mundo y del mundo, gracias por haberme hecho cómplice y partícipe de tus pensamientos, por haber pensado en mí cuando necesitabas confiar en alguien, por no haber dicho nunca un “no puedo” cuando quería confesarte algo inconfesable o, simplemente, quería o necesitaba hablar con alguien, por ser amiga y a la vez poder hablar contigo como si fueras un amigo, no siendo la diferencia de edad ni de género una traba sino, por el contrario, un aliciente; por ser hombro donde he podido ahogar las lágrimas que a veces pugnaban por salir, por convertir mi llanto en serenidad, mi serenidad en optimismo y mi optimismo en risa, por saber que, esté donde quiera que esté, nunca estás demasiado ocupada para decirme “¡Hola, Kja!”, por entender mi humor (extraño a veces) e interesarte por mi mal humor (terrible a veces). Por todo eso y por mil cosas más… gracias, Luna.